

A Eugenio Trías le duele el tamaño del mundo. De este mundo que ahora conocemos en sus rincones y en sus miserias con una abundancia de lugares y protagonistas que ningún emperador de Roma hubiera soñado aprehender (incluso sin hacer juicio de ellas). Porque de un imperio se trata, nos dice don Eugenio, en el que los habitantes de este estado-nación (no le va eso de España) y de otras unidades administrativas, deberían compadecerse por el lugar subalterno que ocupan, un lugar que no les permite "evacuar” el voto con el que podrían derrocar al Leviatán maldito que ocupa la Casa Blanca:
“Si no eres norteamericano no tienes posibilidad de votar en consultas como la que ahora va a tener lugar, y que va a decidir, más que nunca, si este mundo termina finalmente por enloquecer, o puede recuperar un cierto amago de cordura.”
Y es que, “El universo global de ese ecosistema en movimiento se halla bajo el mando y el gobierno de un Imperio que no admite competencia ni desafío. Todos los que le echaron un pulso terminaron trasquilados: Japón, la vieja Europa, Rusia.” Una vieja Europa dominada por los nazis y una Rusia transmutada, gracias a la alquimia marxista, en la Unión Soviética, don Eugenio ... un universo global amenazado por un ecosistema terrorista, esa hidra en la que muchos ya han “evacuado” su voto, rebuznando tonterías parecidas a las suyas con la finalidad de humillar al “enemigo” americano, sirva de ejemplo: “una temible espiral de violencia y guerra, tramada y trabada entre un Leviatán Imperial cada vez más seguro de sí mismo, y una hidra enemiga de múltiples cabezas que se unifica bajo la denominación genérica de Terrorismo Internacional, o Global.” Dado que la I, la II y la III las confunde usted de cabo a rabo, entiendo que no comparta el juicio de Rafael Bardají y prefiera evacuar otro pleonasmo a llamar por su nombre a esta IV Guerra Mundial.