

“Y en Israel, el Gobierno de Ariel Sharon se empeña en convertir a los palestinos en los judíos del Medio Oriente.“
Bueno, tal vez sea injusto resumir con esta jaculatoria el extenso sermón del novelista-moralista mexicano, quien, apoyándose en Hobbes, nos lleva de Auschwitz a Guantánamo, pasando por Kolyma, Camboya, Sudáfrica, Centroamérica, etc, con la intención de advertir que “lo que la democracia norteamericana debe evitar es la paranoia y la psicosis que terminan por acusar al Otro como el Malo de la película.”.
Porque:
“El capítulo más reciente de esta crónica del horror impuesto a unos hombres por otros hombres lo está redactando el Gobierno de George W. Bush. Guantánamo y Abu Ghraib son dos nombres de la infamia contemporánea: torturas, humillaciones, abusos de poder sin origen claro ni final previsible. “
Si bien:
“Que los EE UU no son ni la Alemania nazi ni la Rusia soviética lo ha demostrado el tribunal militar que acaba de condenar al sargento Charles Graner, el sádico inmediatamente responsable de Abu Ghraib, a diez años de prisión.”
Aclarado por si a algún lector le estaba escociendo la duda y suponía que Bush, como Hitler y Stalin antes, sufre de alguna demencia originada en "un sentido de inferioridad", capaz de desatar en él pasiones primarias que puedan traducirse en delirantes políticas públicas. En fin.
Por cierto que resulta sorprendente, o no, que en la relación de horrores que resume don Carlos no haya dejado hueco para el Irak sadamita.
Escrito por castielero en: 7 de Febrero 2005 a las 02:04 AM | TrackBackBueno! Por fin encuentro a alguien con la cabeza bien puesta sobre los hombros. No sé quien ha escrito esto sobre el artículo de Carlos Fuentes, pero te felicito. Por mi parte, he hecho una respuesta a ese artículo, que puedes ver en El País en su versión electrónica, en el siguiente link:
http://www.elpais.es/foros/comentario.html?cod_orden=0001001300011386&grupo=foro_ELPAIS&pagina=3&mostrar=primeros
En casoi de no poder acceder, el texto fue el siguiente:
Cartas al director
08-05-2003 - 6774 comentarios
COMENTARIO
Autor: Julio Hirsch-Hardy
16-02-2005 -12:30 h.
Auschwitz: ¡Nunca más!
Con todo el respeto que merece el genio literario de Carlos Fuentes, así como la incuestionable defensa de la dignidad humana que trasciende de sus letras y de su actuación pública, su artículo publicado en El País del 5 de Febrero (Auschwitz: ¿nunca más?) contiene ciertas inexactitudes y una línea conceptual que puede inducir a conclusiones erróneas.
Comienza sentenciando que el imperio racista nazi fue originado en los delirios de Julius Streicher, un oscuro editor del periódico Der Stürmer, cuando en realidad las leyes raciales de Nüremberg son el andamiaje de la construcción del plan sistemático de exterminio de los judios europeos que es acordado en la Conferencia de Wannsee. Y de ello fueron responsables e ideólogos no el lunático Streicher, de un escaso 101 de coeficiente intelectual, sino toda la cúpula del partido Nacional Socialista, los dirigentes militares y los capitanes de la industria alemana. En este sentido Auschwitz es el sello fúnebre de un imperio racista originado en la utilización del mismo chivo expiatorio, los judios, que ya habían sido exterminados por las hordas de la Primera Cruzada en su paso por Alemania camino a Jerusalem, expulsados de Inglaterra en el siglo XI, de Francia en el siglo XIV y de España y Portugal en el siglo XV, perseguidos en los pogromos zaristas, convertidos al cristianismo a la fuerza o arrojados en la hoguera. La Alemania nazi sistematizó lo que todos los estados europeos, con pocas excepciones, venían haciendo a cuenta gotas desde hacía siglos. Decir que Auschwitz fue originado en el delirio de Streicher es una trivialización del Holocausto. Luego dice Fuentes que hubo opositores internos a los campos de la muerte y da como ejemplo a Hjamlar Schacht. Ese es un mito que ha sido creido por mucha gente, cuando en realidad Schacht -que fuera el lobbista que consiguió el apoyo de los industriales a los nazis, financió sus campañas políticas, convenció a Hindenburg que nombrara Canciller a Hitler, y actuara luego como Ministro de Economía nazi hasta 1937 y como presidente del Reichsbank hasta 1939- fue tan judeófobo como el resto de la pandilla del partido nacional socialista. Schacht nunca defendió la minoría judía ni se opuso a la política nazi. De hecho, de tiempo en tiempo, ayudó a redactar las leyes discriminatorias contra los judios. No se opuso a la expulsión de los judios de la administración pública, de la barra de abogados y de la profesión médica. Implementó las leyes raciales de Nüremberg en su ministerio de Economía y en el Reichsbank, firmando personalmente los decretos de despido de los judios y de aquellos casados con judias. En Noviembre de 1935, declaró ante la Cámara Sajona de Comercio: “Doy la bienvenida a la clasificación racial que emana de las leyes de Nüremberg.
Doy la bienvenida al hecho de que un judío no pueda ser más ciudadano del Reich y que vuelva a ser repelido al aislamiento del cual ha salido para dominar al pueblo alemán de una manera impertinente e imprudente, que sea repelido a su gueto. Esto es completamente correcto y justificable… Por lo tanto debemos estar de acuerdo con la política del Führer hacia los judios y con Julius Streicher. El problema racial se resolverá con las leyes de Nüremberg y expulsándolos de la administración, de los teatros, etc.” De ahí al pogromo de noviembre de 1939 hubo sólo un paso, y de ahí a la conferencia de Wannsee, otro más. Y en ese proceso, Schacht no fue un opositor a los campos de la muerte. Fue más bien uno de sus principales motores financieros. Aunque luego fuera absuelto en Nüremberg tras su juicio en 1946, y, a pesar de que cuando posteriormente fuera juzgado por otros delitos por las autoridades alemanas, apenas se le diera una palmada en las nalgas: 8 años de cárcel conmutados a 6 meses. Luego Schacht puso su propio banco en Dusseldorf, a inicios de los 50 y posteriormente se dedicó a asesorar a otros gobiernos, entre ellos al de Gamal Nasser en Egipto. Finalmente murió en paz en Munich en 1970, dejando la sensación en mucha gente de que fue una buena persona. Continúa Fuentes su artículo diciendo que el “universo concentracionario” se estableció para liberar al mundo de los judios, pero también para aniquilar a los homosexuales, gitanos, comunistas, socialistas y cristianos adversos al Reich. Es cierto que se llegó a juzgar a más de 50 mil alemanes por ser homosexuales y un tercio de ellos fueron a dar con sus huesos en los campos de concentración; es cierto también que casi 200 mil gitanos fueron exterminados, en especial en Hungría y Croacia. Pero no es cierto que hubo un plan sistemático de exterminio de los comunistas, socialistas y cristianos adversos al Reich, como sí lo hubo para los judios. En Buchenwald, por ejemplo, y eso bien lo sabe Jorge Semprún, citado por Fuentes en su artículo, no era lo mismo ser un rojo que un judío alojado en el Campo Pequeño. Tampoco es comparable un campo de concentración como el de Buchenwald con un campo de exterminio como el complejo de Auschwitz. Esto debe ser tratado con exactitud porque sino se cae en la generalización de decir que no solo se persiguió a los judios, sino también a comunistas, socialistas, cristianos, etc., minimizando de esa manera la realidad de la existencia del plan de exterminio sistemático de la población judía europea. En 1939 había 8.861.800 judíos en Europa; 5.933.900 fueron liquidados. Esa es la cruda realidad.
Y hay que tener en cuenta que muchos de los que se salvaron, fue gracia a que residían –o pudieron refugiarse- en zonas no ocupadas por los alemanes, en especial en Ucrania y Rusia. Entonces hay que decirlo con todas las letras: Auschwitz es el recuerdo vivo del exterminio del pueblo judío. No de judios, cristianos, homosexuales, gitanos y comunistas. Carlos Fuentes diluye la tragedia de un pueblo en una generalización inexacta. Y de esa manera, más adelante en el artículo, comete –seguramente sin darse cuenta de ello- el pecado de Saramago, aquel que dijo: “Lo que está ocurriendo en Palestina es un crimen que podemos considerar igual a lo que ocurrió en Auschwitz y en Buchenwald. Incluso si se tienen en cuenta las diferencias de tiempo y lugar, es lo mismo. Desde el punto de vista del ejército (israelí), toda Ramala es un enorme cuartel y ustedes, los palestinos, son los prisioneros acuartelados.” Fuentes habla, com o si se tratara de lo m ismo, de Auschwitz, luego de Stalin y sus Gulag, del colonialismo europeo en Argelia, Indonesia y la India, y del apartheid en Sudáfrica, para terminar su periplo de lo que da en llamar “el alfabeto mundial del mal” ¿dónde?: en Israel, afirmando que “el Gobierno de Ariel Sharon se empeña a convertir a los palestinos en los judíos del Medio Oriente”.
Y esto lo escribe con el agregado de una sentencia taxativa: “…el mundo sigue adelante como si las lecciones de Hitler y Stalin hubieran sido aprendidas para repetirlas.” En otras palabras, Fuentes equipara Auschwitz-Gulags-Argelia-Indonesia-India-Sudáfrica-Palestina, abrazando el exabrupto de Saramago. Bueno sería que Auschwitz dejara de ser utilizado trivialmente en los medios y se dijera las cosas por su nombre: plan sistemático de la eliminación de los judíos de Europa, en lugar de llegar a compararlo con lo que hoy sucede en Palestina. Porque de ahí a la judeofobia, hay solo un paso.
Julio Hirsch-Hardy (Málaga)
Director, Centro de Estudios de la Memoria del Holocausto
Posted by: Julio Hirsch-Hardy en: 17 de Febrero 2005 a las 06:01 PMMuchas gracias por su comentario. Desde luego su respuesta a Carlos Fuentes es infinitamente más valiosa que mi pataleo.
Posted by: castielero en: 18 de Febrero 2005 a las 12:36 AM