6 de Marzo 2005

El despiste histórico de los nacionalismos

Llevo un par de días leyendo el libro de Enrique de Diego, El suicidio de España.
Como Emilio ya ha adelantado que lo reseñará, yo sólo voy a comentar una afirmación que no me parecen acertada, considerando el resto de lo leído hasta ahora. Concretamente en el punto titulado “El despiste histórico de los nacionalismos” (pp. 86-89), integrado en el capítulo 2, dice el autor:

El interrogante, por tanto, no es qué es España, sino que algunos de nuestros connacionales se preguntan angustiosamente qué es Cataluña o qué es Euzkadi. Existe en su discurso un doble semblante y una pulsión emocional por la existencia de un programa máximo, que busca como objetivo crear un Estado-nación fuera de su tiempo histórico sobre un fundamente ideológico [...] ¿Cuál es la explicación histórica de esta confusión de los tiempos? Sin duda, la dictadura. Los nacionalismos vasco y catalán, como proyectos ideológicos últimos, son deudos del nacionalismo español franquista y están en su trasfondo infectados de él.”

Decía César Alonso de los Ríos, en La izquierda y la nación que “[l]a idea nacional de los nacionalistas no es de una naturaleza distinta a la franquista: es una réplica, y de ahí que las relaciones entre ellas sean las de ganadora y víctima. [...] Ambas son excluyentes, ambas son esencialistas y ambas mantienen una relación conflictiva con los ciudadanos” (citado por German Yanke, p.83). Son lo contrario a la sociedad abierta, a la nación definida como Estado de Derecho.

Lo que veo problemático del párrafo de don Enrique es que parece obviar que antes de la dictadura, durante la Segunda República, al menos, ese “programa máximo” ya se manifestó con toda elocuencia. Es decir, la dictadura ha podido ser el invierno de los osos nacionalistas, dejando en hibernación, latente, un debate que en los actuales supuestos históricos de nuestra España queda fuera de tiempo y de lugar, pero que el nacionalismo vasco y catalán parezcan tan lozanos como hace 70 años no creo que sea efecto del frío, sino más bien del desarrollo previsible de la post-transición, de ese sistema electoral que denuncia y del guión antiespañol jaleado por la izquierda fáustica. Que las mentiras y fantasías nacionalistas funcionen todavía es algo que le debemos a la izquierda. La dictadura, gracias a la confusión de esa izquierda y a la actitud acomplejada de la derecha, es más importante que el Rh para los nacionalistas, es un colágeno con el que su mensaje, rejuvenecido en cada asalto, sigue engañando a muchos. Un “regeneracionismo” caduco, trasnochado y, como nacionalista, profundamente liberticida. Por lo tanto creo que ese despiste histórico del que habla don Enrique no sería sólo de los nacionalistas ya que la misma hibernación la habrían sufrido los marxistas que se cayeron o bajaron del guindo con el compañero Isidoro ...

En fin que el mundo mental de los Carod, Puyol, Otegui, Arzalluz, Imaz, Ibarreche, etc., puede que sea el de los años treinta (p.74)... lo que cabe preguntarse es si el desembarco de Normandía realmente hubiera podido evitar el rebrote del nacionalismo. Yo creo que no. Bueno, en realidad, tampoco tienen mucho sentido estas ucronías ... que bastante tenemos con la realidad alucinada de estos días.

Escrito por castielero en: 6 de Marzo 2005 a las 01:53 AM | TrackBack
Comentarios

Castielero, un acierto tu comentario. Los nacionalismos son anteriores incluso a la República, de hecho (creo) aparecen con fuerza como consecuencia de la pérdida de las últimas colonias españolas, en el 98, época en la que tantos intelectuales españoles exteriorizaron su frustración hacia España, contagiando además a individuos medio imbéciles como Arana, que llevó su desengaño a crear un mundo que nunca existío. En el 98, repito, se inicia el avergonzarse de nuestra patria, en lo político, y la pérdida de unos mercados (Cuba, Filipinas, Puerto Rico) que tan bien le venían a determinadas industrias catalanas y vascas, en lo económico.

Posted by: Policronio en: 6 de Marzo 2005 a las 10:49 AM
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