

En 2006 William Easterly avisaba (una vez más) de como las buenas intenciones que pretenden aliviar la pobreza desde arriba, es decir, mediante la planificación teledirigida por organismos internacionales, no sólo suelen terminar en un rotundo fracaso, si no que, además, pueden acarrear consecuencias nefastas “no intencionadas”. Frente a la planificación desde las moquetas, oponer la búsqueda “empresarial” en el terreno protagonizada por los que quieren solucionar sus propios problemas ... si la gansterización propiciada, sostenida (in)intencionadamente lo permite.
Me lo ha recordado este artículo de El Mundo. Vale que en este caso no es la “ayuda” el tema central, si no la constante letanía con la que se quiere echar en cara lo ricos que somos y lo poco que hacemos por los demás, demostrando nuestro egoísmo con ejemplos como este:
Los países ricos utilizan 250 litros de agua por persona al día, mientras los pobres consumen 10 litros. A este ritmo, en 2015, 650 millones de personas no tendrán acceso a fuentes de agua potable.
¿El agua que me bebo yo se las estoy quitando a un ciudadano de Zimbabwe? Claro, a causa del cambio climático (en el siglo XXI Internet y el cambio climático parecen materializar la eterna lucha planetaria entre el bien y el mal).
Como reza el título del capítulo 5º del libro de Easterly: Los Ricos tienen Mercados, los Pobres tienen Burócratas. Tal vez sea ese el problema.
Aunque la lógica te da la razón, serás mil veces ignorado frente a la mentira de "progres".
Posted by: Jorge Castrillejo en: 26 de Julio 2007 a las 11:55 AM