Izquierda y fascismo
A los liberales, por ser, en España, críticos y hasta enemigos incruentos del socialismo, nos llaman fascistas (y aquí). Bueno, por eso y por otros motivos que tienen que ver con el antioccidentalismo impenitente de esta izquierda carca. Nada nuevo. Ayer compré el último premio Anagrama de ensayo: La resistencia silenciosa, de Jordi Gracia.
Esto es parte del comentario que acompaña al libro en su presentación en la web de la editorial:
"El pasado sigue vivo de manera a veces dramática. Una democracia debe pelear por la verdad histórica: revisar el pasado es una virtud de la historiografía, aunque haya una forma de revisionismo culpable, la que olvida con quién estaba la razón en 1936. Este libro se propone volver sin anteojeras sobre la actividad intelectual y cultural de los años treinta y cuarenta, pero atiende sobre todo a las reacciones de importantes escritores del período ante la propagación del virus fascista. "
Y continúa, en la contra-tapa del propio libro:
"[el virus] lo padecieron todos, pero no todos se comportaron igual. Durante la guerra civil, en un bando estuvieron Baroja, Azorín, Ortega y Gasset, Eugenio D'Ors, Josep Pla, Ramón Pérez de Ayala o Gregorio Marañón, sin que casi ninguno llegase a hacerse fascista, y en el otro estuvieron gentes liberales más enteras, como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Carles Riba, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Américo Castro o Pedro Salinas".
Promete una polémica muy apetitosa, de la que os iré informando ... al que interese.


¿Sabéis por qué la izquierda prefiere desde siempre el descalificativo 'fascista' que el de 'nazi', aun cuando éste resultaría más impactante? Porque el término podría recordar, en su versión extendida -nacionalSOCIALISTA-, una verdad histórica tan enorme que la única manera de no verla es no mirar, a saber: que los fascismos son un tipo no marxista de socialismo. No sólo hay una conexión biográfica evidente -lo ya dicho del socialismo nacional de Hitler, más la pertenencia de Mussolini al Partido Socialista Italiano-, sino también ideológica: Nada sin el Estado, todo por el Estado. Es una inversión lógica asociar a los antiestatalistas liberales con unos tipos que deseaban un Estado omnímodo y omnipresente.
¿esta izquierda carca? ya lo vimos el 14-M, 13 millones de carcas, ja ja, que podríamos decir entonces de la derechona.