Archivos Octubre 2004

Enrique Gil Calvo se une a la lista de exégetas que buscan lo profundo en la parda superficialidad del discurso que ZP largó en la ONU hace unas semanas. La alianza de civilizaciones, al parecer, es mucho más que una chorrada infrapostmodernista, se trata de un mensaje arcano, abismal, una proclama cifrada con la que ZP resumió el pasado, presente y futuro de la humana especie.

Creo entender al señor Gil Calvo que las derechas-monoteístas universalistas, herederas, nada menos que de Platón y del monoteísmo judeo cristiano, mayoritarias, dice, en el pensamiento occidental, lideran una cruzada homogeneizadora a la que se opondrían, ¡ay!, los progresistas herederos del politeismo presocrático ... “De modo que los creyentes en el monoteísmo universalista postulan una sola civilización, occidental y etnocéntrica, por supuesto. Y frente a ellos, los pluralistas radicales señalan la imposibilidad de alcanzar un consenso universal de valores en conflicto.“

Pero don Enrique nos muestra el camino, hay solución, existe una ruta. Porque “los occidentales siempre podremos venderles al resto de pueblos nuestras reglas de juego (procedimientos técnicos, comerciales, bélicos, jurídicos, electorales o deportivos), pero jamás les convenceremos para que se pasen a nuestro equipo (excepción hecha de los inmigrantes de doble lealtad), asumiendo como propios los colores y los valores occidentales.”

Aunque no debe de ser un camino de rosas, ya que como ejemplo señala “el gran secreto que explica la eclosión del "milagro europeo" (así se denomina a la invención coincidente entre los siglos XVII y XVIII del Estado-nación, la ciencia, el capitalismo, el parlamentarismo y la industrialización) fue el fracaso del universalismo a escala continental, dado el irreductible pluralismo de culturas territorialmente enfrentadas que rivalizaban entre sí para no ser asimiladas unas por otras.“ Me confunde, don Enrique. Y no para aquí, porque después de asegurar que “los occidentales siempre podremos venderles al resto de pueblos nuestras reglas de juego (procedimientos técnicos, comerciales, bélicos, jurídicos, electorales o deportivos)”, más o menos democracia y mercado, creo yo, asegura que “si la única civilización común fuera el neoliberalismo estadounidense, estaríamos acabados; para eso resultaría preferible ser bárbaros, como lo seremos todos si se destruye el planeta tras el contagio universal del depredador consumismo occidental.

En fin. Espumillón para rellenar a un (des)gobierno. Hay muchos, pero muchos más ejemplos.

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En la presentación del último libro de Pío Moa Alejo Vidal-Cuadras acusaba a los nacionalistas de ser los responsables de la Gran Estafa, que consitiría en la ruptura del acuerdo tácito que, respecto a la cuestión autonómica, se había alcanzado durante la transición.

Carlos Garaicoechea, entorno al plan Ibarreche (El Mundo, 25/10/04):
“[...] lo que nunca encontraré racional y democrático es que la minoría se imponga a la mayoría”.
Si los derechos históricos no permiten, en una retroacción hacia las facultades que concedían a este país tales derechos, hacer una consulta, es que poco valen los derechos históricos” .

¿En qué universos (di)vaga este señor?

Como se vé y sabemos desde hace tiempo esta Estafa no es otra cosa que el inmoral y tantas veces criminal trasunto de la inmensa patraña histórica y antidemocrática sobre la que se edifica el nacionalismo vasco.

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Resulta sonrojante el largo insulto que, en forma de prólogo a no sé que libro, Saramago dedica a Bush ... aunque es de reconocer que sabe de lo que habla:
"La sociedad humana actual está impregnada de mentira como de la peor de las contaminaciones morales [...]".
Así es, han pasado 15 años desde que el conocimiento inútil perdiera a su criminal padrino y aún abundan ejemplos como los de don José, militante de la vieja escuela, que parece rejuvenecido por una transfusión de bilis del mismísimo Michael Moore.

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Llego tarde a esta fuerte marejada que ha removido las, al parecer, agitadas aguas que abraza nuestra Red Liberal. Muchos (aquí están referidos todos, creo) habéis comentado el artículo de Fernando Berlín y algunos habéis trazado una gruesa línea para unir los puntos que subrayarían el interés del Gran Hermano del Monopolio Colorado por acallar, mediante el descrédito y la infamia, a los medios que se descuelgan de su cómoda red de opiniones.

Lo cierto es que no veo ni a FJL ni mucho menos a nuestro Daniel interpretando el papel de Cebrián, don Juan Luis, en esta tragicomedia ciberpunk que el Sr. Berlín ha escrito con apuntes del borroso David de Ugarte. Porque el escoramiento ultra que aquél aprecia en la red sería una broma de no existir la realidad , lástima, que evidencia, más bien, un hundimiento de la pluralidad por exceso de carga en las bodegas del acorazado Monopolista: Emisoras, editoriales y otros artículos de primera necesidad espiritual atesorados con celo y con ayuda de los gobiernos de turno. Incluido el del PP, claro.

La jerga netorreíca sirve para darle un punto misterioso a un sencillo pero revolucionario medio de expresión: las bitácoras. El punto misterioso engorda con la tensión del relato berlinés y termina mostrando una red de células subversivas que, alcanzando una masa crítica, termina en engendro ultra. Ya ves.

La historia es más sencilla. La Red Liberal es un grupo heterogéneo. Mucho. Autores y comentaristas difieren y discrepan. Casi todos zahieren al PSOE, es cierto, y cargan tintas sobre el Gran Hermano, con razón; pocos alaban al PP, pero no lo critican; algunos esconden su insuficiente preparación teórica con temas difícilmente apilables, al parecer, en una prístina estantería liberal. Es mi caso. No soy economista, ni filósofo, ni abogado, ni siquiera historiador, soy un recién llegado a la escuela Austriaca, de la que esta Red Liberal está tan bien nutrida (sin olvidar a los huérfanos sin escuela o a los descarrilados que adoptaron la de Knight y otros caballeros de Chicago ... es broma Milton). Una escuela Austriaca que descubrí gracias a Revel y a FJL y que ahora, con el empuje de esta Red y muy señaladamente de los autores de liberalismo.org, estoy comenzado a remontar. Pero esto no es lo importante. No lo es el pedigrí, si eres o no “liberal viejo” o un pobre converso apenas caído del guindo marxista o, más prisaicamente, del felipista. Lo importante es, como ha comentado José Carlos, que “[e]sto ni es un contubernio, ni coincidimos más que en lo más básico: la defensa de la libertad, la igualdad ante la ley y los derechos del individuo”.

En fin. Ya lo dijo Revel: “Al mismo tiempo que la percepción de lo real, la ideología suspende el ejercicio de la conciencia moral”. Sambenito que viste perfectamente a cualquier ungido, aprendiz de Torquemada.

Digresión, verso fuera de (su) contexto: “¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?” Sin demagogia, espero.

... ya lo advertí, sólo eran dos céntimos.

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