Archivos Enero 2005
Algunos “libertarians” americanos llevan a tal extremo la defensa de la libertad, que dan miedo. Porque hablando de secesión parece cegarles la ignorancia o el fanatismo o tal vez ambas cosas. Hay un interesante artículo en Reason que resume el progreso del Free State Project del que nos hablara Daniel hace meses. El “ideólogo” de este proyecto es Jasón P. Sorens a quien debemos esta perla:
“Catalonia's secessionist party is suffering from the indiscretion of their leader, while the extreme rightwing ruling party of Spain is benefitting. Get ready for several more years of centralist repression in Spain.” Naturalmente se refiere a Carod Rovira y a su “indiscreción” en Perpiñán del pasado Febrero.
Mi temor es que estos "libertarians" puedan creer que el Plan Ibarreche es un referente válido. Que el secesionismo totalitario del tripartito les resulte “simpático” simplemente porque se cubre con la retórica victimista de una libertad aplastada el centralismo españolista ...
Hace un par de días Peces-Barba aparecía en El País con un artículo en el que con tono paternal o tal vez olímpico, sospechosamente equidistante, daba a los secesionistas una muestra del talante con el que piensa administrar esa nada oportunista que Rodríguez Zapatero ha creado al socaire del terror indiscriminado. Este Alto Comisionado más parece algún avatar progresista de Papá Noel, una reliquia benefactora que con indecible sabiduría nos trajo la Constitución desde las altas cumbres de Gredos. Digo yo que su proverbial bonhomía debería servir a fines más altos que el de dar a la mafia nacionalista un regalito con el que reforzar la insufrible letanía de sus lamentos. Vamos que está muy bien eso de repartir estopa desde la poltrona, como si el mundo, más que un valle de lágrimas de tantas víctimas reales, fuera algo melodramático, sin buenos ni malos, a lo sumo presuntos:
“[...] estos desplantes, estos desencuentros, estas incomunicaciones y, por qué no decirlo, esta falta de respeto mutuo nos colocan a los defensores del espíritu constitucional en una posición difícil y con sentimientos encontrados, con perplejidades y con dudas sobre qué hacer y cómo comportarse para que el espíritu de compatibilidad pueda imponerse frente a los fraccionalismos.”
Pobre don Gregorio, altísimo comisionado del cinismo zapateril, lo cierto es que no me consta ese “fraccionalismo” salvo en los que metódicamente intentan la ruptura de España, de nuestra nación democrática, manipulando la historia desde un esencialismo vergonzante, mil veces asesino. Me consta, eso sí, que la réplica vergonzante y asesina la dio un tal González, cuando era presidente de los GAL, aunque nuestro apesadumbrado rector sólo recuerda, aquí, que los “últimos años del Gobierno de Aznar” supusieron “un auge de la primera intransigencia, la de un nacionalismo español incompatible”.
Sí, don Gregorio se muestra perplejo, inocentón, salomónico desde las alturas:
”No deberían unos y otros echar más leña al fuego. Forzar y tensionar puede ser contraproducente y cerrar más al adversario. Queda mucho trabajo para la estabilidad y para una paz libre, segura e igual que amplíe el ya sólido consenso de 1978.
Unos trabajamos en esa línea y otros parecen empeñarse en poder dificultar el proceso, en maldecir en vez de colocar una luz en la barricada.” (Barricada: Especie de parapeto que se hace, ya con barricas, ya con carruajes volcados, tablas, palos, piedras del pavimento, etc., usado para estorbar el paso al enemigo, más frecuentemente en las revueltas populares que en el arte militar.)
La doctrina del talante corajudo con unos, pero razonable, tibio, con otros, que siempre marcha adelantándose con sus mentiras no sea que haya que justificar un porvenir de pesadilla. ¡Qué vergüenza!
Fortalecer a España no es agitar el espantajo de un nacionalismo de corte franquista en el que se reflejen los secesionistas, que sólo pretenden condensar aquel centralismo, ya superado, en un punto periférico de nuestra geografía común. Fortalecer a España no es, como nos quiere hacer creer don Gregorio, fomentar una “incomunicación entre nacionalismos excluyentes”. Fortalecer a España es defender la libertad: “Cuanto mayores sean las posibilidades de que nuestra libertad sea caricaturizada a manos social-nacionalistas, más España necesitamos. Porque la idea de España, su unidad, sus tradiciones milenarias, su idioma común, su Constitución... representan un gran freno a los totalitarios y conculcadores de la Ley.” . Aquí y ahora.

