Archivos Octubre 2005

Michael Crichton nos recomienda cinco libros que cuestionan el sentir común sobre la ecología y el medio ambiente.
En el WSJ:

1. "Playing God in Yellowstone" by Alston Chase (Atlantic Monthly Press, 1986).

2. "The Culture Cult" by Roger Sandall (Westview, 2001).

3. "Man in the Natural World" by Keith Thomas (Oxford, 1984).

4. "The Skeptical Environmentalist" by Bjrn Lomborg (Cambridge University Press, 2002). [ver aquí]


Sólo he leído el de Lomborg y de resto me quedo, para empezar, con la quinta recomendación:
5. "The Logic of Failure" by Dietrich Dörner (Perseus, 1998).

Future environmentalists will heed Dietrich Dörner's "The Logic of Failure." Mr. Dörner is a cognitive psychologist who invited academic experts to manage the computer simulations of various environments (an African herding society, a town in Maine). Most experts made things worse. Those managers who did well gathered information before acting, thought in terms of complex-systems interactions instead of simple linear cause and effect, reviewed their progress, looked for unanticipated consequences, and corrected course often. Those who did badly relied on a fixed theoretical approach, did not correct course and blamed others when things went wrong. Mr. Dörner concludes that our failure to manage complex systems such as the environment reflects bad habits of thought, overreliance on theory and lazy procedures. His book is brief, cheerful and profound.


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Johan Norberg nos resume las conclusiones de un documento del Banco Mundial en el que se estudia el beneficioso impacto que tendría la eliminación de "distorsiones" en el comercio de productos agrícolas y de alimentos, tanto para los países pobres ... como para los ricos:

[...] total world income gain from free merchandise trade would be $287 billion - four times the total amount of foreign aid given every year.

En “In defense of global capitalism” Norberg dedicaba un sonrojante capítulo a “la vergüenza del hombre blanco”, refiriéndose al proteccionismo de, por ejemplo, la Unión Europea:
- Los contribuyentes europeos pagan millones de dólares en impuestos cada año para que sus comercios puedan tener una menor selección de productos a mayores precios.
- Citando un estudio de la Comisión Europea, nos cuenta que las barreras comerciales de la UE implican una pérdida anual de entre el 5-7% del su PIB.
- Para los sectores investigados en dicho estudio, se indica que el 3% de los empleos lo son gracias al proteccionismo lo que se traduce en que cada trabajo cuesta unos 200.000 dólares al año, es decir, diez veces el salario medio de las industrias investigadas.

Este “masoquismo” tiene su reverso “sádico” ya que, citando un informe de la Confencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) nos dice que con una mayor liberalización las exportaciones de los países en desarrollo hacía los ricos podrían incrementarse anualmente en 700.000 millones de dólares, lo que supone 14 veces la cantidad en ayuda al desarrollo que reciben, la limosna con la que los Chirac y compañía tratan de tapar sus vergüenzas.

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Pío Moa en LD:

La conducta humana es inevitablemente moral, pues no viene dictada por el automatismo del instinto, sino por la elección. Pero un relato histórico veraz rezuma moral implícita, y no precisa adornarse de consideraciones retóricas de ese género. Los relatos falsos, en cambio, suelen exigirlas, tal como los niños, cuando hacen dibujos confusos donde no se reconocen los objetos, suelen añadir explicaciones: "Esto es una casa, esto es una oveja".

Hacía tiempo que no me refería a Moa. En esta reseña múltiple dentro de la serie que viene publicandose en la sección de Libros de LD, Moa resume perfectamente mi propio parecer sobre la "guerra civil" de El Mundo.
La cuestión es que esa moral implicita de la que habla Moa coincidirá o no con la de el lector, dado que la opinión del mismo es tambien resultado de una elección ... si bien esta elección, en muchos casos, lejos de estar razonada, fundamentada en datos y contrastada con la de otras personas que han llegado a otra elección o la misma, será emanación de SU IDEOLOGIA, que, en este caso, ocuparía el lugar del instinto.

Hace unos días Luis publicaba desde el exilio el documento secreto en el que se recogían las instrucciones del comite revolucionario para el golpe de 1934. Un documento de Largo Caballero que deja pocas dudas sobre los fines y medios de los revoltosos que entonces se alzaron en armas contra la República, "su" República. Hace más de un año sostuve un minidebate (I y II) con doña Lola en el que pudimos contrastar nuestras diferencias sobre la GCE y su, bajo mi punto de vista, arranque de 1934. Desde luego mi intención era ceñirme a los datos y no dejarme llevar por el instinto, por la ideología. Sin embargo en la actitud de doña Lola, con sus educadas descalificaciones y su tendencia al enredo no pude sino advertir lo irreconciliable de nuestras posturas, dado que para ella parecía más importante humillar al mensajero (a mi) que desmentir el mensaje. Y así seguimos. La GCE se ha convertido, por obra de nuestro presidente Rodriguez Zapatero, en un tema de actualidad primerísima. Sólo que ahora la progresía historiográfica se ha envalentonado. La GCE es ahora más que nunca una cuestión ideológica, vaciada de esa moral implícita, con la que la izquierda autoproclamada convierte tan lejano episodio en un martillazo de Pavlov, un acicate para los instintos. Luego dirán que el odio lo ponen otros.

Termino citando a Hume que, al comienzo de la "Investigación sobre los principios de la moral" escribía:

Las discusiones con hombres que se muestran pertinazmente obstinados en sus principios son las más fastidiosas de todas; exceptuando, quizás, las que se desarrollan con personas completamente deshonestas, que en realidad no creen en las opiniones que defienden, sino que toman parte en la controversia por afectación, por espíritu de oposición, o por el deseo de mostrar una agudeza y finura intelectual superiores a las del resto de la humanidad [vaya, los ungidos]. En ambos casos cabe esperar la misma adherencia ciega a sus propios argumentos; el mismo desprecio para con sus contrincantes; y la misma vehemencia apasionada en su insistencia en la sofisteria y la falsedad. Y como el razonamiento no es la fuente de donde estos disputantes derivan sus principios, es inutil esperar que cualquier lógica, la cual no habla a los afectos, les induzca alguna vez a adoptar principios más sólidos.

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En su artículo de ayer PedroJ comparaba a Rodríguez Zapatero con la Pimpinela Escarlata y qué quieren que les diga, me parece una comparación muy desafortunada. En primer lugar porque denota que, pese a la abundancia de evidencias en su contra (que el mismo PedroJ señala) Rodríguez Zapatero sigue contando con el beneplácito de la duda, más o menos tácita, más o menos explícita.

Porque todas estas elucubraciones a propósito del comportamiento rufianesco del presidente del gobierno de una nación democrática no tienen sino un valor literario, una concesión estilística con la que PedroJ denuncia sí, pero también “decora” o edulcora las actitudes y aptitudes del mitografiado, en este caso un personaje tan poco literario como es Rodríguez Zapatero.

Dice PedroJ que lo de Rodríguez Zapatero es un caso de desdoblamiento de personalidad “con pleno conocimiento de causa”, del que también estarían aquejados algunos superhéroes de allende los mares ... por otro lado escasamente antiamericanos y, desde luego, con una moral muchos decibelios por encima del murmullo hipócrita de nuestro partero de alianzas y destructor de naciones.

El parecido con la Pimpinela Escarlata lo atribuye PedroJ al color del símbolo con el que ambos personajes se identifican y también, como no, al ocultamiento de esa otra personalidad con la que héroe y antihéroe se sobreponen a su mediocre máscara. A mi juicio la diferencia fundamental entre el Blakeney de novela y nuestro héroe de pesadilla es que el inglés, en realidad, tiene que esforzarse por parecer mediocre, mientras que Rodríguez Zapatero no logra desprenderse de ese otro que ... claro, no existe, es siempre el mismo.

Además, en sus aventuras Blakeney arriesga su vida mientras que con su “revolución de terciopelo” Rodríguez Zapatero está poniendo en riesgo el bienestar de una nación. Por cierto ya que de revolución hablamos, hay que recordar que el inglés pone todo su empeño en truncar las depuraciones de aristócratas durante el terror francés, mientras que el empeño de Rodríguez Zapatero es precisamente “depurar” nuestra política excluyendo al PP de la misma, utilizando, como bien denuncia PedroJ, un revisionismo ramplón con el que ataca a una derecha de paja, una derecha imaginaria.

En fin, espero que PedroJ sea un poco más riguroso en sus comparaciones si lo que pretende es denunciar los graves defectos de una actitud y una aptitud como las de Rodríguez Zapatero.

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Llevo mucho tiempo alejado de la Red Liberal y de la blogocosa (que diría Manel) en general. La familia, picos laborales y mi vuelta al mundo estudiantil están detrás de este silencio. Vamos, excusas con las que me gustaría poder disculparme después de un silencio no anunciado. En fin nadie me ha pedido tal cosa pero creo que al menos se lo debo a mi paciente anfitrión.

Pasaron y siguen pasando muchas cosas que han merecido vuestros comentarios. En lo que concierne a la blogocosa veo que la izquierda ha decidido pasar a la acción con réplicas más o menos afortunadas del edificio bitacorero diseñado por Daniel y conducido por todos vosotros. Tras casi dos años de zapaterismo compruebo que esta izquierda está adquiriendo unos modales que antes creía exclusivos de páginas más extremistas. Los ataques personales y las descalificaciones indiscriminadas son cada vez más osados y esperpénticos, mientras que la fuerza de los argumentos parece perderse en bocinazos más o menos escatológicos.

Hace unos días vi un programa de Canal Sur en el que se debatía sobre el posible cambio climático motivado por el hombre. Al margen de la actitud chulesca de Mendiluce, la prepotencia de los ecologistas allí presentes, la inmoderada arbitrariedad del moderador, etc, etc, hubo dos detalles que dejaron claro qué papelazo tiene esta democracia nuestra sometida al gobierno de los publicistas. En realidad son dos momentos antitéticos:
- Las únicas ovaciones del público se las llevó la inefable Maria Antonio Iglesias, tras sendas intervenciones cargadas de demagogia y una falta de respeto intolerable hacia sus oponentes, Gabriel Calzada principalmente.
- No hubo ninguna ovación para los que como Antón Uriarte expusieron sus argumentos educada y escrupulosamente.

Al concluir el visionado sólo pensé en que me gustaría tener una pizca de vuestro talento para mantenerme en la blogocosa tan dignamente como pudiera para comentar programas como ese, tan importante a pesar de todo (que se pueda escuchar a Gabriel, a Antón bien lo vale).

En fin.

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