Ignacio Escolar ha dedicado tres artículos al cambio climático. En uno de ellos ha posteado una espectacular imagen del Kilimanjaro en la que puede verse la boca del volcán sin nieve ni hielo. Nacho aseguraba que esto era posible por primera vez en 11.000 años.
Bueno, en realidad, como le decía en un comentario, esto no es exacto. Claro que, considerando la escala de tiempo indicada, treinta años pueden parecer un pellizco sin importancia. Lo que ocurre es que él me respondía con esta imagen del volcán tomada en 2004 (al menos me doy por aludido) a un enlace que yo daba en otro comentario. Se trata de un artículo de Patrick J. Michaels publicado por el Cato en 2002. Dos años y la foto serían, según Nacho, suficientes para quitar la razón al malo Michaels y dársela a los buenos de esta película de ciencia-confusión.
El artículo de Michaels (que también puede leerse en su último libro) viene a decirnos que, en realidad, la temperatura de la cumbre del Kilimanjaro ha descendido 0,22ºC desde 1979, pese a lo cual los glaciares que la adornan siguen desapareciendo.
"[...] el período desde 11.000 a 4.000 años atrás era más caliente en África de lo que es hoy en día, y a pesar de esto el Kilimanjaro tenía glaciares porque también era más húmedo que ahora. Algunos calculan que la precipitación actual equivale a la mitad de lo que era durante ese período caliente. Obviamente es la precipitación -no la temperatura- la clave de la glaciación en el Kilimanjaro".
Por otro lado existen evidencias de que los glaciares del Kilimanjaro comenzaron a derretirse a finales del siglo XIX. Y, coincidiendo con lo expuesto por Michaels, no a causa de un calentamiento de la zona, sino por la reducción de la humedad circundante. Por cierto, con la que nada tendría que ver la contaminación causada por la Exxon (sí, recién nacida por aquel entonces) y otra malvadas empresas que financian estudios científicos con los que argumentar frente a las muchas falsedades del gobierno climático mundial.
Sobre un diálogo escrito en tono irónico por Bertold Brecht, el gran admirador de Stalin.
"Las grandes ideas encuentran un problema para su aplicación: la gente." (vía divergencias)
Brecht, que es uno de los intelectuales preferidos por la progresía, escribío a la muerte del tirano de Georgia:
"Los oprimidos de los cinco continentes [...] habrán sentido que se les detenía el corazón se han enterado de que Stalin ha muerto. En el se corporificaban todas sus esperanzas".
El texto que enlazo quiere ser una muestra más del tremendo compromiso del dramaturgo con la libertad, con el proletariado ... no esta mal el despiste, considerando, como he dicho, que fue un verdadero incondicional del stalinismo incluso cuando las purgas alcanzaron a sus propios amigos o amantes.
En fin, nazismo y marxismo, al fin y al cabo, nacieron de la misma raiz con un problema común: la libertad, esto es, la gente.
Un artículo firmado por Richard Layard, un consejero del partido Laborista británico, con el que quiere convencernos de que la felicidad es cosa del consenso, de la ingeniería benthamita:
"The desire to be happy is central to our nature. And, following the utilitarianism of Jeremy Bentham, I want a society in which people are as happy as possible and in which each person's happiness counts equally. That should be the philosophy for our age, the guide for public policy and for individual action. And it should come to replace the intense individualism which has failed to make us happier".
Desde luego hablar de nuestra naturaleza tiene serios inconvenientes si queremos darle el mínimo crédito al mostrenco paternalista que nos endosa el señor Layard. Digamos que los ingredientes de nuestra moral (perdón por el salto), los ingredientes naturales, no son los más apropiados para alcanzar esa felicidad. Como dice Robert Wright en The moral animal, la felicidad no ha sido la máxima prioridad para la selección natural y si lo hubiera sido tal vez habría que darle la razón a Rousseau.
Hablando de Darwin, dice Layard:
"Contemporary common sense provides two dominant ideas—derived (erroneously) from Charles Darwin and Adam Smith. From Darwin's theory of evolution is taken the idea that unless you look after your own interests, no one will. From Smith's analysis of the market comes the idea that selfishness is not so destructive because through voluntary exchange we shall all become as well off as is possible, given our resources, technology and tastes."
En fin. Sobre su "entendimiento" de lo que el sentido común le debe a Smith no voy a comentar nada. Acerca de la teoría de la evolución voy a volver a citar a Robert Wright:
"It's remarkable that a creative process devoted to selfisness could produce organism wich, having finally discerned this creator, reflect on this central value and reject it".
Más aún, sucedió a la primera.
Mucho mejor aquí. También aquí (gracias Wonka).
En fin ZP ... aquí tienes un nuevo eslogan "El retorno de la felicidad" o más o menos.
Llevo un par de días leyendo el libro de Enrique de Diego, El suicidio de España.
Como Emilio ya ha adelantado que lo reseñará, yo sólo voy a comentar una afirmación que no me parecen acertada, considerando el resto de lo leído hasta ahora. Concretamente en el punto titulado “El despiste histórico de los nacionalismos” (pp. 86-89), integrado en el capítulo 2, dice el autor:
“El interrogante, por tanto, no es qué es España, sino que algunos de nuestros connacionales se preguntan angustiosamente qué es Cataluña o qué es Euzkadi. Existe en su discurso un doble semblante y una pulsión emocional por la existencia de un programa máximo, que busca como objetivo crear un Estado-nación fuera de su tiempo histórico sobre un fundamente ideológico [...] ¿Cuál es la explicación histórica de esta confusión de los tiempos? Sin duda, la dictadura. Los nacionalismos vasco y catalán, como proyectos ideológicos últimos, son deudos del nacionalismo español franquista y están en su trasfondo infectados de él.”
Decía César Alonso de los Ríos, en La izquierda y la nación que “[l]a idea nacional de los nacionalistas no es de una naturaleza distinta a la franquista: es una réplica, y de ahí que las relaciones entre ellas sean las de ganadora y víctima. [...] Ambas son excluyentes, ambas son esencialistas y ambas mantienen una relación conflictiva con los ciudadanos” (citado por German Yanke, p.83). Son lo contrario a la sociedad abierta, a la nación definida como Estado de Derecho.
Lo que veo problemático del párrafo de don Enrique es que parece obviar que antes de la dictadura, durante la Segunda República, al menos, ese “programa máximo” ya se manifestó con toda elocuencia. Es decir, la dictadura ha podido ser el invierno de los osos nacionalistas, dejando en hibernación, latente, un debate que en los actuales supuestos históricos de nuestra España queda fuera de tiempo y de lugar, pero que el nacionalismo vasco y catalán parezcan tan lozanos como hace 70 años no creo que sea efecto del frío, sino más bien del desarrollo previsible de la post-transición, de ese sistema electoral que denuncia y del guión antiespañol jaleado por la izquierda fáustica. Que las mentiras y fantasías nacionalistas funcionen todavía es algo que le debemos a la izquierda. La dictadura, gracias a la confusión de esa izquierda y a la actitud acomplejada de la derecha, es más importante que el Rh para los nacionalistas, es un colágeno con el que su mensaje, rejuvenecido en cada asalto, sigue engañando a muchos. Un “regeneracionismo” caduco, trasnochado y, como nacionalista, profundamente liberticida. Por lo tanto creo que ese despiste histórico del que habla don Enrique no sería sólo de los nacionalistas ya que la misma hibernación la habrían sufrido los marxistas que se cayeron o bajaron del guindo con el compañero Isidoro ...
En fin que el mundo mental de los Carod, Puyol, Otegui, Arzalluz, Imaz, Ibarreche, etc., puede que sea el de los años treinta (p.74)... lo que cabe preguntarse es si el desembarco de Normandía realmente hubiera podido evitar el rebrote del nacionalismo. Yo creo que no. Bueno, en realidad, tampoco tienen mucho sentido estas ucronías ... que bastante tenemos con la realidad alucinada de estos días.