J.A. Marina, decepción creciente
Hace tiempo que no sigo a José Antonio Marina. A él le debo haber descubierto a Daniel Dennet y aún guardo con mucho afecto un par de cartas en las que amablemente me respondía con recomendaciones y consejos. Particularmente rotunda su recomendación de Husserl, a quien consideraba el más grande pensador del siglo XX. Lo cierto es que pese a lo deplorable de su escritura (al menos en la traducción al castellano), disfruté con "La crisis de las ciencias européas" y ... bueno, no viene al caso. Volviendo a Marina. He leído una columnita (€) suya en El Mundo que confirma mis peores sospechas cuando deje de leerle hace unos cuatro o cinco años (y otros tantos libros de Anagrama): cuando Marina habla de ética en realidad se refiere a una palanca más en la caja de herramientas del ingeniero social: "Somos seres sociales, pero nos resulta muy difícil convivir. Tan necesario es aprender a hacerlo, que se va a implantar una nueva asignatura -Educación para la ciudadanía- que trata de este asunto." y dice esto después de citar a Vicente Verdú: "Todos los estudios confirman que la felicidad no correlaciona con el dinero, ni con la raza, la religión, el sexo, la inteligencia o la cultura. Lo decisivo para la felicidad es la relación y comunicación con los demás", relaciones y por lo tanto felicidad que representan una ficción en la que no hay identidad posible ni necesidades subjetivas a satisfacer. En fin, le propongo a Verdú y a Marina que comiencen su construcción social de la realidad por aquí.


Marina se ha convertido en un showman-caja registradora. Así de sencillo. Así de triste.
Y así es imposible articular ideas independientes, nobles y de calidad.
Estoy de acuerdo con el comentarista anterior. Sus últimos ensayos rezuman superficialidad. Una pena.