España: tábula rasa
Hay comunidades autónomas que quieren más competencias, pero el argumento ya no es la eficacia sino la emulación, ya no es la ciudadanía sino el carácter de nación, a veces étnica, con que se disfrazan. Todo, naturalmente, puede ser discutido, pero conviene subrayar que, ahora, lo que crece con tanta flexibilidad se aleja del concepto de ciudadanos libres e iguales ante la ley y se aproxima sorprendentemente a imperativas mistificaciones y a comunidades preexistentes.
Flexibilidad como cualidad de un estado plástico, expresión utilizada por Benjamín Rush, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776), para referirse a una sociedad en desarrollo, maleable en su reciente constitución como nación independiente. Una oportunidad histórica constituyente que pudiera compararse, como hace Yanke, con el primer postfranquismo. Plasticidad que bajo la férula zapateril se ha convertido en coartada para llevar la política a un extremo de imprudencia que se quiere confundir con el progreso. No veo muy empirista a Zapatero, mucho menos lockeano, ni creo que sepa qué es la tábula rasa, pero sí que parece gobernar como si España lo fuera, una tabla rasa que todo lo aguanta, flexible y carente de historia. Un país por inventar.

