Comparen las páginas de entrada a los portales del PSOE y del PP.
El cuerpo principal de la de del PSOE sólo habla de Oriente Próximo, salvo por una pequeña mención a la ley esa de la memoria histórica. Hay que hacer virtud de los defectos aprovechando la terribles noticias que llegan desde el Líbano y dar la vuelta a las meteduras de pata de los pañuelos presidenciales y los Blancos bocazas. ¿Qué país gobierna este partido? A sí, el que le dió la victoria tras el 11M.
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87837
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87804
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87807
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87772
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87667
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87584
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87547
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87584
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87548
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87500
http://www.psoe.es/ambito/saladeprensa/news/index.do?action=View&id=87516
En la del PP:
http://www.pp.es/index.asp?p=10024&c=ce9a6fb2becc2d235e62b125e9260102
En fin.
Pipiolo curtido en mil batallas, la más famosa la que los progres inventaron para vengarse del daño que les hiciera Esperanza Aguirre, Sara Mago ataca de nuevo. Esta vez con redoblado fingimiento dirige una carta al director de El País, qué modestía, en la que anuncia un abortado artículo con el que pensaba denunciar de nuevo al gran satán del Medio Oriente. Finalmente se queda en un aforismo:
"Mientras haya un palestino vivo, el holocausto continúa".
Como le conocemos bien, sabemos que no ha pretendido usted la ambiguedad que me permito detectar. Hay que cuidar esa escritura, don Sara, que no es usted un novel. Que ya se ha ganado mucha pasta e inmerecido respeto viviendo del cuento. ¡Qué caramba!
Amartya Sen arremete contra el monoculturalismo plural, que es lo que da de sí el multiculturalismo cuando el celo creativo de los políticos transforma la teoría en un problema de convivencia . Una idea, la del multiculturalismo, que defiende con absoluta corrección política la conveniencia de la diversidad mientras, en no pocos ejemplos, deplora explícitamente la división internacional del trabajo.
En un artículo en Prospect, con el que presenta su nuevo libro, Sen dice no estar en contra del multiculturalismo, sino de la “interpretación” que se ha hecho del mismo, interpretación que en el caso británico ha supuesto una merma de la libertad individual al situar entre el gobierno y el individuo una espesa “identidad comunitaria”; una construcción de la identidad social que se refuerza y perpetua mediante la acción política. Dicha construcción resulta nefasta para el individuo ya que, mientras la corrección política defiende en el papel la “diferencia” de las identidades colectivas, en la práctica erosiona la libertad de sus integrantes. Además, como demuestran los ejemplos británico y francés (y será el caso también en nuestro país, a no tardar), el respeto que en Occidente profesamos, en general, a la singularidad (colectiva) de los grupos “visitantes” se traduce en no pocas ocasiones en un profundo y letal abandono de los valores occidentales, particularmente en la Europa de los 15.
Volviendo al artículo y por concluir me voy a referir a su redactor, quien afirma que
“al debilitarse la identidades políticas, la gente ha pasado a identificarse a si misma en relación a sus filiaciones culturales, étnicas o religiosas. Y observan esas identidades más como dadas que como elegidas”.
A mi juicio esto podría ser cierto entre los occidentales, que hemos crecido en un ambiente claramente politizado, no así entre una mayoría de los emigrantes, particularmente los musulmanes para los que este contexto apenas ha existido hasta que han llegado a Europa. Cierto que no han podido elegir, al menos hasta ahora, lo grave es que al llegar a nuestros países se les esté invitando, mediante la presión de diferentes lobbies identitarios, por así decir, a seguir en las mismas.
Actualización 1, Vázquez Rial en la revista de agosto de LD:
Sólo esta civilización se ha dado armas para suicidarse. Hay que salvar a Occidente de Occidente, pedir ayuda a las estatuas y a los viejos libros en los que siempre empieza todo.
Actualización 2, Barcepundit:
TENÍA QUE OCURRIR tarde o temprano: un municipio turístico italiano ha decidido reservar una playa exclusivamente para mujeres musulmanas, de modo que puedan solazarse sin ser víctimas de las miradas lascivas de los hombres.
“¿Sabemos con certeza que efectos tendrá aumentar el salario mínimo? Puede que no.”.
Así comienza un interesante artículo de Don Boudreaux en TCS. No me digan que no se les han erizado los pelillos de la nuca. Dado que mis conocimientos teóricos sobre el tema se limitan a varias lecturas y todas apuntan, con más, menos o nula pereza, al dictado de la ley de la demanda, he sentido algo de vértigo al leer semejante comienzo viniendo de uno de mis bloggers favoritos.
Pronto queda claro que para Boudreaux no hay duda. La evidencia empírica que pudiera encontrarse a favor de las leyes de salario mínimo, es decir, los estudios sobre su eficacia
“son inconsistentes con la teoría económica básica”.
En contra de lo que opina Samuelson en su best-seller, el debate sobre el salario mínimo no gira principalmente en torno a cuestiones de interpretación frente a las disputas sobre la validez de los resultados empíricos. Como señala Boudreaux, estos mismos resultados, que a Samuelson le parecen positivos, además de inconsistentes por principio, se enfrentan a estudios que viene a señalar noticias menos halagüeñas para los defensores del intervencionismo.
Por otro lado Boudreaux da en el clavo al señalar que
“la investigación empírica en la economía es notoriamente difícil ya que salarios, precios, tasas de desempleo, calidades y todos los demás datos de las ciencias sociales son, como dijo Hayek: “fenómenos complejos”[…lo que distingue] a las ciencias sociales de las físicas de dos formas: en primer lugar, una mayor proporción de investigación empírica en las ciencias sociales está sujeta a legítimas –a menudo irresolubles- disputas. En segundo lugar, como consecuencia, en las ciencias sociales las consideraciones teóricas juegan, inevitablemente, un rol mayor entorno a estas disputas y en la formación de juicios sobre políticas públicas deseables.”
En relación a esto y regresando a Samuelson, éste se pregunta
"¿cómo pueden los profanos examinar las cuestiones cuando los expertos están divididos? […] Para empezar debemos reconocer que las afirmaciones sobre la conveniencia de subir el salario mínimo contienen juicios de valor personales.”
Lo que resta credibilidad a los expertos de (como) Samuelson frente a los profanos, que como yo, como ustedes, tratamos de examinar estas cuestiones dejando al margen juicios de valor que tan poco nos enseñan sobre la realidad de las cosas.
No obstante Sowell, ese campeón del sentido común, decía que
“las complejidades estadísticas para diferenciar los efectos del salario mínimo sobre el empleo del resto de las siempre cambiantes variables que también tienen efecto sobre él, implican que las diferencias de opinión honestas son posibles”.
Ideología al margen, hay hueco para la controversia. Sin embargo, como el mismo Sowell señala, la mayoría de los economistas entrevistados en Gran Bretaña, Alemania, Canadá (85%), Suiza y los Estados Unidos (90%) opinaron que las leyes de salario mínimo incrementan el desempleo entre los trabajadores menos preparados. Por cierto, no así los heróicos franceses ni los austriacos.
Carlos Castilla del Pino introduce un matiz terapéutico en el asunto este de la recuperación de la memoria histórica. Si no le he entendido mal, dado que somos lo que recordamos, nuestra identidad es “memoria”. Hasta aquí estamos de acuerdo, por qué no. Añadiría que la memoria es básicamente en lo que consiste nuestra inteligencia, nuestra capacidad para ejecutar analogías de una manera veloz, es decir, la forma en la que nos enfrentamos al presente y al futuro es una composición en la que la que inteligencia refleja la mayor o menor destreza que tenemos para elaborar nuestro comportamiento presente, considerando experiencias pasadas.
En realidad a Castilla del Pino le interesa más la ideología que la inteligencia. Por eso dice que en el uso de la memoria “subyace un componente moral”.
El Gobierno ha venido a satisfacer con el talonario y echando mano de la expropiación si es preciso, este grave dilema moral que aqueja a nuestra sociedad. Sociedad que, en su desmemoria, demuestra un déficit de inteligencia que ya preocupa.
Tomando el ejemplo empírico y didáctico de Castilla del Pino, hemos de pensar que España sufría de Alzheimer y mira por donde encabronando al personal Zapatero va a conseguir curarla. Todo un hito en la medicina organicista. Nada de regeneración: un trágala más en la cuenta del presidente de todos los españoles, que se acuerden.
Bah.