Archivos Febrero 2007

Steven Rose es un neurobiólogo de izquierdas que hace biología de izquierdas. Para él si los argumentos de una teoría científica no se ajustan al ideal humanista del socialismo, es pura y llanamente porque oculta una agenda facciosa, derechista y, desde luego, anti-científica.

Entre otras batallas extra-científicas, desde que E.O. Wilson publicara su Sociobiología, Rose se ha significado como uno de los más formidables enemigos de la psicología evolucionista (PE), afirmando cosas como “la agenda política de la PE es claramente parte de un ataque derechista libertario contra la colectividad, sobre todo el estado del bienestar...”.

Su penúltima aportación podemos leerla en la revista Prospect, respondiendo a la "gran pregunta" ¿qué cree usted que reemplazará al cisma izquierda/derecha en el siglo 21?, Rose responde:

Las alternativas en el siglo pasado eran socialismo o barbarie (sic). En este siglo son más duras: justicia social o el fin de la civilización, sino de la especie. Para alcanzar esa justicia es imperativo que retengamos el sueño utópico de "de cada uno de acuerdo a sus habilidades, a cada cual según sus necesidades", si bien tales necesidades y habilidades son transformadas continuamente por ciencias y las tecnologías desbocadas, controladas por la industria global y el poder imperial en un entorno degradado y degradante.

Amén

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Su hedor vale más que mil palabras:

Aquí estamos lastrados por una oposición que, lejos de fertilizar el sistema, fermenta a cien por hora. El buque se encuentra en buenas condiciones y navega a una velocidad de crucero razonable. Tanto es así que la mayoría de los europeos, según las encuestas, lo elegiría como primer destino de trabajo. Pero la oposición, en vez de conquistar el cerebro del sistema, se ha hecho fuerte en su estómago, donde lo lógico es producir más caca que ideas.

Es que el tío no vale ni para dar coherencia a la pestilencia de estas comparaciones. Antes tendría que saber escribir y, en este caso, saber algo de biología.

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Como dijo Dani, son un poco rojetes pero verdaderamente graciosos, vamos lo que no son ni el Wyoming, ni el Buenafuente, ni Escolar, ni Bermejo, etc.

Visto aquí.

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Últimamente, cada vez que me asomo a The New Criterion, es para constatar lo lamentable que era mi gusto literario hace 20 años (sería cosa de las hormonas).
Ahora le toca el turno a Norman Mailer:

Sabemos que, hace medio siglo, algunos se tomaban seriamente a Noman Mailer como novelista. Había incluso unos pocos –ahora parece increíble- que se lo tomaban seriamente como pensador.

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Suponiendo que los precios son los mismos en ambos escenarios: imagine que puede usted elegir entre ganar 50.000 euros/año mientras otros ganan 25.000 o bien ganar 100.000 euros/año mientras otros llegan a los 250.000. ¿Qué elegiría?

Pues lo que le daría más estatus, probablemente. Al fin y al cabo esto es lo que nos cuentan desde una perspectiva evolucionista. Lo que cuenta es que tengamos más que otros, qué se le va hacer. No estoy seguro de que esto sea el secreto de que no logremos ser más felices que hace 50 años, pese a que nuestro nivel de vida ha aumentado muchísimo desde entonces, pero parece una buena pista. Tener más, sin compararnos con otros es como empacharse de ibérico: después de la quinta “lasca” entra peor, salvo que echemos mano de un buen vino, pero después es que después de la segunda copa, ni con esas … bueno, es un experimento mental. Ahora, si resulta que el de al lado se tiene que conformar con mortadela y gaseosa parece que la “utilidad marginal” de la tapa decrece a menos velocidad.

Lo dice Michael Shermer:

Este acostumbrarse incluso a una multiplicidad de maravillas es lo que lo que los economistas llaman disminución de la utilidad marginal y una pareja casada llamaría la vida.

Aunque desde un punto de vista praxeológico esto no deja de ser una memez psicologicista, por asi decir, una generalización poco económica.

Más aquí.

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Qué quiere que le diga, don Miguel, hay que ser muy malo para decir cosas como esta:

Las victimas son muy respetables pero más respetables que las victimas es el estado.

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Sesion Dalrymple. Esta vez en abierto, en el City Journal.

Dalrymple comentá tres libros que ofrecen


an insight into the nature of the corruption that has sprung from the ever-wider extension of self-arrogated government responsibility in Britain, and they shed light as well on the effect that government expansion has upon the population

Uno de los libros, escrito por un maestro, Frank Chalk, retrata sin adornos el funcionamiento del sistema educativo británico. Comenta Dalrymple que:

In the looking-glass world of modern British public administration, nothing succeeds like failure, because failure provides work for yet more functionaries and confers an ever more providential role upon the government. A child who does not learn to read properly often behaves badly in school and thus becomes the subject (or is it object?) of inquiries by educational psychologists and social workers. As Chalk describes, they always find that the child in question lacks self-esteem and therefore should be allowed to attend only those classes that he feels he can cope with. The so-called Senior Management Team in the school—teachers who have retired into a largely administrative role—deals with all disciplinary problems by means of appeasement, for lack of any other permissible method available to them.
Nos suena, ¿no?. Más adelante:
A perfect emblem of the Gogolian, Kafkaesque, and Orwellian nature of the British public administration is the term “social inclusion” as applied in the educational field. Schools may no longer exclude disruptive children—that would be the very opposite of social inclusion—so a handful of such children may render quite pointless hundreds or even thousands of hours of schooling for scores or even hundreds of their peers who, as a result, are less likely to succeed in life. Teachers such as Chalk are forced to teach mixed-ability classes, which can include the mentally handicapped (their special schools having been closed in the name of social inclusion). The most intelligent children in the class fidget with boredom while the teacher persistently struggles to instill understanding in the minds of the least intelligent children of what the intelligent pupils long ago grasped. The intelligent are not taught what they could learn, while the unintelligent are taught what they cannot learn. The result is chaos, resentment, disaffection, and despair all round.

Termino:

Britain now has more educational bureaucrats than teachers, as well as more health-service administrators than hospital beds. No self-evident or entirely predictable failure, no catastrophe they have brought about at the behest of their political masters, ever affects their careers, in part because they move from post to post so quickly that none of them ever gets held responsible for anything

Todo aquí.

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En la reseña (€) de un ensayo sobre la correspondencia entre William Burroughs y Allen Gibsberg, Anthony "Dalrymple" Daniels ironizaba largamente sobre la hipertrofia de una academia en la que no hay tema, por ridículo, esperpéntico o patético que parezca, que no encuentre su “investigador”.

Es un signo de nuestro tiempos, supongo, que un investigador de una respetable universidad británica pueda dedicar su esfuerzo al estudio de la vida y obra de W. Burroughs, no como un caso de estudio de psicopatología, o como un ejemplo de cómo una mala escritura puede sostener una gran reputación entre intelectuales débiles mentales, sino como si su producción intelectual mereciera alguna consideración seria.

No estoy seguro de qué manera encaja este comentario en nuestra actualidad patria, pero al leerlo he pensado en la LOGSE, un signo de nuestros tiempos. Desde esas alturas pedagógicas lo trágico parece sencillamente esperpéntico, como si la realidad copiara a una portada de El País.

En fin. La “performance” del asesino termina y lo hará con el aplauso de nuestra izquierda. Respire aliviada.

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Vaya, al parecer el “dinero sin dueño” con el que las administraciones públicas financian los millonarias investigaciones del IPCC es de una calidad moral superior al que pudiera destinar una empresa privada; empresa empecinada en aguantar el acoso de los siempre bienintencionados ecologetas.

El Santo Consenso es el tribunal con el que los inquisidores de la Royal ya han intentado arrinconar a los escépticos, que bien pudieran ser modernos Galileos que no se arrugan, por seguir la sandez del “piriodista”. La historia dirá. En la información de The Guardian, de la que se nutre la hidra polanquista, un señor de Greenpeace llama mafiosos a los del AEI ... por dudar. Qué disparate. Lo que no dice la información de The Guardian es que, de ser cierta, se hubiera intentado pagar a nadie por mentir. Escolar lo da por hecho, claro.

No sé cuanto le pagarán las hidroeléctricas a Escolar o a Cuellar, con qué compraran su prosodia los vendedores de molinos de viento, a qué banquetes no les invitarán los ascetas del cambio climático ... y me da igual. Si no fuera porque ya les conocemos bien, podría creer que, al igual que muchos científicos del consenso, creen de verdad lo que defienden cuando se limitan a ceñirse a la ciencia (y no es coña). Ellos no admiten esa posibilidad en los otros. Son narcisistas y totalitarios.

Más aquí y aquí.

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