Las palabras y las armas
He escuchado la entrevista que Jiménez Losantos hizo ayer a Teresa Jiménez Becerril, hermana del concejal del PP sevillano asesinado junto a su esposa, Ascensión, hace 10 años. Un matrimonio asesinado por indeseables para los que no hay condena lo suficientemente larga ni celda lo suficientemente oscura. Tres huérfanos porque sí, que se merecen otro país con otra justicia. Dijo su tía, doña Teresa, algo que me llamó la atención porque, queriendo señalar la estatura moral de unos, las víctimas, frente a la vileza de otros, los extraterrestres del paraíso aberchale, evidenció uno de los taras que menoscaba a casi todas las virtuosas democracias occidentales. Dijo, más o menos:
Ellos tiene las armas y nosotros la palabra ...
Suena muy bien, desde luego, pero ¿y si “nosotros” también tuviéramos las armas?
Respeto su dolor y entiendo que su convicción es sincera, honesta ... Respeto su dolor y lejanamente puedo hacerlo mío. Tiene toda mi simpatía.
En fin, no se trata de venganza si no de libertad y la nuestra queda coja, creo yo, sin la de poseer nuestras propias armas.


Lo que sucede es que en un Estado de Derecho que funcionase correctamente, y no con la alternancia democrática de demagogos y gestores en un eterno retorno de ciclo electoral, el monopolio del poder coercitivo sería utilizado al estilo liberal decimonónico: para garantizar contratos y ejercer las funciones de policía y defensa, y los ciudadanos podrían confiar al menos en que sus impuestos (reducidos) se emplearían para proteger sus propiedades y sus personas.
Hoy, aquí, lo que sucede es que la alambicada e intrincada red de poderes creada por la política favorece intereses y grupos, y en un contexto así los grupúsculos-escoria al estilo de ETA y aledaños se sienten legitimados, y, en la medida en que dicen defender intereses "democráticos", protegidos e incluso favorecidos (entre otras cosas económicamente).
Pero vamos, que una pistolita en la mesilla vendría bien. Aunque en el caso del terrorismo poco podría aportar, porque o te ponen una bomba, de por sí impredecible e incontenible, o te vienen por detrás y disparan en tu nuca. La pistolita vendría bien para descerrajarle un tiro en la cara a uno de esos hijos de p* que entran en las casas ajenas para robar a ostias.
Lo de las palabras frente a las pistolas forma parte de la falacia democratista. Contra cierta basura no hay palabras que valgan, solo aplicar la ley penal, y modificarla de forma que esta sea severa con aquellos delitos que lo merecen.
La única solución al terrorismo CREO que es el Estado de Derecho, pues si para derrotar al terrorismo convertimos al Estado en un terrorista de mayor tamaño no solucionamos en nada el problema.
Sobre el Estado liberal decimonónico, ¿de qué sirven los derechos si careces de medios para ejercelos?