Clarividencia pírrica
Tiene razón Gabriel Tortella, la victoria de Azaña en las elecciones del 36 fue pírrica. No porque la diferencia de escaños entre su coalición, el Frente Popular, y la CEDA fuera escasa. Al contrario. Escasa fue la diferencia de votos entre la izquierda y la derecha o entra la izquierda burguesa, los republicanos pata negra, y la izquierda revolucionaria, sus socios. Para tener una “organización electoral de mesa de café”, en palabras de Pla, a Azaña no le fue nada mal. Es más, la supuesta clarividencia de don Manuel, que apenas a veinte días de las elecciones decía que el bloque de izquierdas era psicológicamente un error, es sólo un ejemplo más del alto concepto que tenía de sí mismo.
A Azaña lo que le disgustó es que Portela dimitiera, que huyera, que se apresurara a entregar el poder a los ganadores para no tener que afrontar ni los problemas de orden público que se le echaban encima ni la presión de los militares ... Portela, según Martínez Barrio “era un hombre acorralado que quería salir a escape de la tragedia”.
Azaña quería que el traspaso de poderes hubiera seguido el debido curso y no que se le entregara el Gobierno con las calles en ebullición.
Ya tenemos ahí el poder, para esta misma tarde. Siempre he temido que volviésemos al Gobierno en malas condiciones. No pueden ser peores. Una vez más hay que segar el trigo en verde. Durante estas semanas últimas, lo mismo que en la propaganda del año pasado, he procurado aumentar las dificultades, las condiciones, las reservas, a fin de que el Gobierno no viniese fatalmente a mis manos. Es inútil. La gente quiere que gobierne yo. Y los que tal vez podían gobernar, se quitan de delante. Conocen lo mismo que yo las dificultades de la situación, y otra vez, como en 1931, me tocará afrontar lo que a todos les asusta.
Ya ve, Sr. Tortella, que de clarividencia nada: “como en el 31”. El error psicológico, la alianza con Largo Caballero y su camarilla revolucionaria demuestra la falta de visión de Azaña. El “temor virtual a la victoria” (S. Payne) de Azaña es eso, pura filfa.
La Puerta del Sol [...] ha ido llenándose de gente. [...] Algunos novatos estaban muy impresionados, pero yo recordaba la noche de abril del 31 y de mayo que precedió a la quema de conventos, y todo esto de hoy me parece una verbena. [...]. En efecto, a la una, como arreciaban los clamores, salí al balcón. Gran estruendo. Conseguí con el ademán, que se callaran [...] les invité a disolverse pacíficamente. Aplaudieron. Media hora después, no quedaba en la Puerta del Sol más que la circulación normal de tales horas.
En realidad, el gran hombre no adivinó o no quiso ver la que se le venía encima. La “primavera trágica” estaba a punto de empezar.
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