Turismo
Un excelente artículo de Eric Scheie en Pajamas Media sobre la oportunidad de hacer turismo en Birmania antes y después del Nargis. Ya comenté en un post anterior que "Aung San Suu Kyi había pedido a los occidentales que no convirtieran a su país en un destino turístico" y que a mi regreso "me sentí como uno de esos tontos útiles que volvían de la URSS hablando del paraíso". Desde luego no era mi intención contribuir a la legitimación del régimen, del que sabía muy poco entonces. Pero es posible que a eso nos prestáramos todos los que visitábamos el país con la única intención de disfrutar de sus estupas, de los paisajes y de la afabilidad de la gente. Como dice Eric, yo percibí que a los birmanos les agradaba el turismo. Supongo que el régimen, en buena medida, les obligará a cultivar esa imagen pero es difícil pensar que los campesinos no eran sinceros cuando demostraban su obsequiosidad como respuesta a nuestra franca disposición a contar cuanto quisieran saber sobre nuestras costumbres, nuestros países o nosotros mismos. Tun, nuestro guía en Mandalay (uno de los dos que tuvimos) estaba encantado con mi cercanía y el nivel de inglés que le permitía conocer hasta que punto somos libres en Europa o la opinión de un católico de nacimiento sobre el budismo theravada. Todo esto suena muy bien, salvo que te creas, y no ha motivo para dudar, las cifras que ofrecen quienes defienden el boicot al turismo en Birmania:
- 8 millones: número de hombres, mujeres y niños obligados a trabajar para el gobierno, a menudo en el desarrollo de infraestructuras turísticas desde que la Junta llegó al poder en 1962. Forzados bajo la amenaza de malos tratos, tortura, violación o asesinato.
- 1 millón: número de persona desplazadas para hacer hueco a los desarrollos turísticos, a menudo con sólo una horas de aviso y con poca o ninguna compensación por la pérdida de sus casas o negocios.
Por nuestra parte sólo tuvimos alguna dificultad al salir del país: el registro de nuestro equipaje fue bastante grosero y la espera, antes del embarque, tensa.
Con lo que ahora sé, creo que hubiera hecho caso a mi mujer y hubiéramos escogido algún paraíso playero como destino de nuestra luna de miel.

